Guerra y Paz

Hace unos días enciendo la televisión, después de un descanso catódico bastante remarcable, y veo como unos tanques avanzan en un territorio que no se parecen a los paisajes palestinos o iraquíes a los que estamos acostumbrados a ver en estos casos. Así que leo la cola impresa en la pantalla. Georgia dice, Guerra en Rusia.

¿Guerra en Rusia?. ¿Ahora?. Después de todo lo que ha pasado…

Os juro que las imágenes me parecían sacadas de una película. Y pensé: “Otra vez…”
Otra vez vamos a pasar una semana hablando del conflicto, haciéndonos los eruditos, llevándonos las manos a la cabeza por lo civiles asesinados en actos de guerra y viendo tertulias políticas por televisión. ¿Para qué?. Para luego olvidarnos.

No quiero parecer insensible, pero a estas alturas de la guerra en Iraq, ¿alguien se asombra de las cifras de muertos, los atentados suicidas, o los avances de los ejércitos cuando lo ve en las noticias? Nuestras entrañas se han acostumbrado a imágenes inhumanas que ya pasan sin filtro ante nuestros ojos y no nos tocan. Yo las veo incluso a la hora de comer, y los muertos que cuentan son solo un número que no significa nada. Y quizás un día, si estoy muy sensible, pienso en la pobre suerte de esa gente, pero después cambio el canal o pasan a los deportes y todo desaparece, como si se esfumara y fuese sólo un teatro. Eso es la guerra.

Yo me pregunto cuando acaba una guerra, y se llega a acuerdos de paz, y se reparten los territorios o cambian los nombres, o reubican a los ciudadanos o les cambian la soberanía, ¿qué deben pensar los familiares de las víctimas?. Me pregunto si después de esa pesadilla que nosotros solo vemos con cuentagotas, mirarán hacia adelante y dirán: “qué bien, todo esto para nada, para llegar a algo que podríamos haber hecho antes de empezar, para eso ha muerto toda nuestra familia”.

Hoy en día, y sin querer herir orgullos personales, el mundo es un todo, no hay fronteras éticas, y luchar con tu vida por delimitaciones territoriales me sigue pareciendo absurdo. Total, ¿quién hizo esas marcas?. En fin, debe haber algo más que yo no consigo entender, perdón por mi ignorancia, porque si es tan sólo esto, me asusta pensar la clase de personas que dirigen el mundo.

Agur Donostiako Aste Nagusia!!!!!


Por fin se acabó la Semana Grande, eso sí, también se acabó la visita de Julie, que vuelve esta misma tarde a Madrid. Creo que no sé que habría hecho sin ella justo estos días. Ha sido perfecto estar con ella y reírnos, y no parar de hablar, llegando al límite de perder la voz solo de cotorrear.

Me gusta más la ciudad sin tanto turista, resulta extraño estar completamente acotado por cámaras de fotos, chanclas y calcetines blancos. Las noches son un auténtico infierno con bestias que te devoran por coger una copa, y los días son eternas procesiones por calles largas y estrechas en las que si decides ir a contracorriente puedes morir aplastado. Solo los fuegos artificiales te recuerdan que deben ser días felices, pero en realidad, al ser de noche, parece que celebren que el día se acaba al fin, y que puedes dejar de sufrir las aglomeraciones típicas de esta época.

Que sensación más extraña acostumbrada a los veranos de Madrid, ciudad fantasma estival, en los que te hacen la ola cuando entras en una discoteca o decides sentarte en una terraza porque no hay nadie.

Por fin se acabó la Semana Grande. Solo digo eso una y otra vez. Que llegue ya la tranquilidad y que vuelva todo a ser como antes. Y cuando digo todo, digo todo.

Mis amigos

Trabajo frente a una gran ventanal, enorme diría yo, cuya visión suele ser un edificio de piedra y granito, humedecido por la lluvia. Raro es el día que tiene reflejos de sol. Todos los edificios aquí están cubiertos por cristaleras para captar la mayor luminosidad posible. Pero por más que lo intentan, solo consiguen que a las 10 de la mañana parezca que son las 7 de la tarde.

Hoy llueve de nuevo. Es curioso porque, desde que volví de Bélgica, no había vuelto a vivir esa experiencia de que todo el mundo te hable del tiempo constantemente, y de que todos lleven un paragüas guardado “por si acaso” y visiten las páginas de previsiones meteorológicas sin parar. Por eso a mi siempre me pilla la lluvia cuando no lo llevo, porque no estoy acostumbrada.

Ayer llegó Julie, mi amiga belga que conocí de Erasmus y que ahora vive en Madrid. Es genial verle aquí, y sobre todo, tener de nuevo a alguien de toda confianza a quién le puedo decir lo que quiera, sin preocuparme porque es mi amiga de verdad, y no la amiga de un amigo… Echaba de menos esa sensación. Y tener una conversación de horas y horas, sobre cosas que las dos hemos vivido y gente que ambas conocemos.

La verdad es que cada día estoy más feliz de vivir aquí, me gusta como ciudad, me acostumbro a su mal tiempo y me encanta su comida. Pero lo que me falta muchísimo son mis amigos. Aunque nunca pensé que pudiera decirlo, me siento otra sin ellos. ¿Irá a peor?

Volver a empezar


Tal y como Sinatra y mi bien amado Garci dijeran una vez, hay que volver a empezar.

Hoy me he levantado emprendedora, y eso que francamente me ha costado mucho deshacerme de la sábana que me tapaba la cara, y me he replanteado la existencia de un fotolog que no actualizo nunca y cambiarlo por algo más personal.

Así que he decidido refrescar mi ya muerto blog, actualizándome así a los tiempos que corren en los que un pobre chupatintas no puede conseguir una columna para soltar sus impresiones. Que no os engañen las Carries Bradshaw televisivas. Eso no existe. O al menos yo no lo he encontrado aún.

Sin más, os doy la bienvenida a mi nuevo blog, diciendo un triste adios a mi querido fotolog al que podeis despedir en http://www.fotolog.com/jarvisey si algún día formó parte de vuestras vidas.

CAMBIOS

Ya lo decía David Bowie y lo retomaría una famosa campaña publicitaria de seguros de coches. Cambios. Eso es lo que nos amarga pero lo que a la vez nos recuerda que la vida es un eterno devenir de cosas intrigantes. En ocasiones miramos hacia atrás y vemos que aquello que nos hubiese parecido inconcebible hace un tiempo, es ahora parte de nuestro día a día y que, de hecho, nos resulta altamente gratificante.

Pero… ¿qué cambios se consideran universalmente para bien y cuales lo son en el plano negativo? ¿Por qué pensar en un futuro cargado de bienes materiales y ataduras emocionales nos resulta tan tentador mientras que la independencia, la libertad y la aventura van emparejadas con la inestabilidad y el fracaso? ¿Qué esperamos de nuestras vidas futuras?

Principalmente creo que asociamos el sentimiento de éxito o fracaso con lo que está socialmente aceptado como tal y encasillado según el pseudo panteísmo de nuestros días.

Por otro lado está la inacabable fuente de placer dionisiaco que es la sociedad de consumo elevada a su máxima potencia. Todos admiramos a las estrellas y demás parentela millonaria que poseen toda clase de artefactos inútiles de gama alta y sin los cuales parecen no poder subsistir. Nosotros lo llamamos excentricidades de estrella. Aquel que se acerque a ese modelo de felicidad será considerado un triunfador. A medida que nos vamos alejando de ese ideal, nuestro nivel de éxito vital irá decreciendo ante los ojos de nuestros observadores sociales.

Pero, ¿qué pasa si nuestro bienestar se basase en el mero consumo diario de pildoras de la felicidad? Pequeñas dosis que alimentasen nuestro espíritu sin la necesidad de conseguir grandes hazañas localizadas. Sigo sin verle el sentido a la palabra futuro. En ocasiones renunciamos a las satisfacciones inmediatas en favor de una satisacción futura aun mayor. Pero en realidad, nadie nos asegura que llegaremos a recoger el fruto de ese esfuerzo, ya que la vida es imprevisible y corta. No se trata de una visión fatalista, ni apocalíptica de lo que es la vida, sino más bien basada en la tan manida frase del “Carpe Diem” que ya los romanos, que eran grandes hedonistas, nos dejaron en su legado.

Es por eso que me preguntaba sobre los cambios a los que nos enfrentamos y el miedo a afrontarlos cuando sabemos que se acercan… Pero, en cualquier caso, siempre terminan siendo buenos porque cambiar es evolucionar y todo depende del prisma desde el que se vea esa nueva situación. Cuando se acaban las sorpresas, se acaba la ilusión. Cuando la ilusión desaparece, entonces muere el alma y se desenrosca el hilo que nos aferra a la vida. Vivir es emocionante por el simple hecho de imaginar qué será lo próximo que nos pase. Conclusión: Cambios = vivir. Ojalá las incógnitas de la vida se despejasen de manera mecánica como las matemáticas.

Con un cambio de residencia viene una nueva vida. Tras 3 años enteritos de Fotolog, he decidido dejarlo aparcado para ocuparme de la columna que nunca tendré como asalariada. Bienvenidos a mi nueva vida.

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