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Cuando no estás aunque estés

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Hay ocasiones en la vida en las que la distancia es una gran brecha. En la que las palabras que viajan por el cable no llegan lo suficientemente llenas de emociones y en las que lo único que puede aliviarnos es un abrazo.

En estas ocasiones nos duele no estar ahí. No sonreír a la adversidad juntos y continuar con nuestras pequeñas cosas, con mayor o menor importancia.

Si a eso le añadimos mi total incapacidad para aliviar del dolor sin una hoja en blanco delante, la situación se vuelve muy triste.

Por eso me gustaría decirte una cosa aunque lo vaya a leer otra gente a la que no le afecta. Quiero que sepas que siempre me acuerdo de ti, que me preocupa mucho cómo te sientes, que siento mucho estar lejos y no poderte abrazar en estos momentos y que me duele el alma no poderte aliviar. Soy una egoista y hasta ahora no me he dado cuenta de lo difícil que debe ser no tener a tu madre cerca ya.

Pero tienes que estar muy orgulloso de ti mismo. Mucho. Tienes que darte cuenta de lo bien que lo hiciste. Del cariño que siempre le demostraste. De tu inagotable amor hacia ella, y de que aunque pienses que podrías haber hecho más, nunca podrías haberlo hecho mejor. Yo estoy muy orgullosa de ti, al igual que lo estaba ella. Y que lo estaba él. Que lo estamos todos los que te queremos. No podías haberle hecho mayor regalo que el de cuidarle hasta el final.

Te echo mucho de menos, ahora más que nunca. Miro tus escritos, los releo y recuerdo tantas cosas; de cuando era pequeña, de cuando era un poco mayor, de los últimos años. Aunque no te pueda abrazar, ni ver, ni tocar. Estoy a tu lado todo el rato. Porque te llevo dentro siempre.

Te quiero mucho, tanto que solo quiero hablarte de tonterías para que puedas reirte y pensar en otras cosas.

Nos vemos pronto, aún no sé cuándo, pero será pronto.

 

PD: Tú también estás aquí, aunque no estés.

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LOVE IS TOO WEAK A WORD

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Soy muy mala recordando fechas. Bueno, esto no es del todo cierto. Recuerdo a la perfección las fechas de cumpleaños y momentos importantes de mi vida y de las personas que me importan, pero cuando se trata de recordar años de producciones cinematográficas o musicales, soy un cero a la izquierda. Siempre calculo a ojo, mirando el color de la película, el estilo de la ropa y, he de decir que si acierto, suele ser o por chiripa o porque recuerdo algo que me pasó justo cuando se estrenaba la película.

Hoy, mirando el feed de Facebook, me encuentro que, ayer, Annie Hall cumplió cuatro décadas de su estreno oficial. La película que más veces he visto en mi vida, de la que me sé todos sus diálogos y que más me gusta, resulta que empezó a rodarse el día de mi cumpleaños del año 1976. Esto tenía que ser una señal.

Para los que no la hayáis visto aún, si es que queda alguien en mi entorno, os diré que lo mejor que puedo hacer por vosotros es no deciros nada. Que os enfrentéis a ella vírgenes de prejuicios. Sin esperar mucho ni poco, como lo hice yo. Por supuesto que habrá gente a la que no le guste, porque para algo somos diferentes, pero os aseguro que os hará pensar. Pensar en las relaciones, en cómo os enfrentáis vosotros a ellas, en cómo son las de vuestro entorno, en qué buscáis y esperáis de la otra persona y posiblemente lo haga sacándoos una sonrisa más que una carcajada. No esperéis una típica comedia americana aunque hay sátira y crítica a la sociedad. No es una película romántica, pero hay amor y desamor.

Y la música… qué voy a decir de la música. Desde que empiezan a parecer los característicos títulos de crédito hasta que se funde en negro a su fin. Y el guión, es una sucesión de brillantes de diálogos y monólogos que van componiendo una historia tan básica y a la vez tan redonda.

El párrafo a continuación puede ser un rollo, pero es mi forma de explicar por qué para mi Annie Hall es especial. Os ruego que os lo saltéis si lo consideráis necesario.

Para mi Annie Hall fue una de las primera películas en las que vi claros un montón de conceptos técnicos. Saltos en el tiempo (flashforwards, flashback e incluso la magistral visita al pasado de los protagonistas, fusionando el espacio tiempo, para analizar su pasado), narradores omniscientes, testimonios a cámara, yuxtaposición de pensamientos sobre realidad, apariciones estelares de posteriores estrellas del cine en sus primeros pinitos, colaboraciones inolvidables de personajes como Marshall McLuhan (una de sus secuencias más recordadas, sobre todo para aquellos que hayan estudiado comunicación) Con esto quiero decir que, siendo una comedia que cualquier persona puede encontrar entretenida, es a su vez una obra maestra que, además, expone temáticas complejas como la religión, las relaciones amorosas, las tipologías de personalidad, el miedo a las relaciones, al compromiso, la incertidumbre de la edad adulta, el psicoanálisis y la muerte.

Podría estar horas hablando de Annie Hall, y de como Allen fue un pionero y un visionario. Pero no lo haré. Porque espero que si alguien lee este post, y siente el deseo de verla, lo haga sin saber demasiado. Y si consigo que al menos una persona al verla disfrute tanto como lo hice yo, me daré por satisfecha. A mi me encantaría poder volver a verla por primera vez, y eso es lo mejor que puedo decir de una película.

Por último, os diré que esta película está plagada de frases que se quedarán en vuestra memoria. Yo he elegido la frase final para empezar este post. Tranquilos, no es ningún spoiler. Solo resume perfectamente su esencia y, en general, la de nuestras vidas.

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Fuente foto: The Telegraph/ Gif entrada: Giphy.com

Hoy te echo de menos

A veces me pregunto si podré volver a ti. Recorrerte entera. Seguir el camino que te nombra. Perderme por un laberinto lleno de luces tintineantes. Volver a descubrirte como no conseguí hacerlo entonces.

Hoy te he visto de nuevo de manera inesperada y me he preguntado si volveré a hacerlo algún día, en persona, frente a frente. Me he preguntado si volveré a pisar la nieve cuajada. Si pasearé sobre las hojas a lo largo del puerto. Si me bañaré en el río. Si volveré a sentarme en tu plaza. Si podré pisar tus calles empedradas. Si seguiré el camino a la estación.

Recuerdo cada detalle como si fuera ayer. Y nunca me olvido de nada. En los días de viento frío parece que estoy allí de nuevo. Y la incertidumbre de si volveremos a vernos es más fuerte cada día. Tú, siempre serena y cálida, aunque el frío congelase mis dedos. No quiero pensar que no vuelva a verte nunca.

Te echo de menos, unos días más que otros, y hoy es uno de ellos. El pueblo al que mi mente regresa siempre que no quiere quedarse donde está mi cuerpo.

 

 

 

 

Fuente imágenes: Leven in Deventer Facebook, actoftraveling, wijkzusterfien.blogspot.com, frans blok y mapio

42 años de vida, 20 de amigas.

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De toda la gente que conozco, de todos los sitios en los que he vivido, solo tengo una amiga que lo sabe todo de mí, absolutamente todo, y aún así, lleva queriéndome unos 20 años. Sé que esta cifra va a despistar a algunos, pero está perfectamente calculada. Antes de eso, no dudo que me quisiera, pero no sabía todo de mí, porque la diferencia de edad hacía que cada una viviera en un mundo diferente.

A partir de ese momento descubrí que por muchas cosas que pasaran, por muchas vicisitudes, por muchas lágrimas, por muchos kilómetros que nos separaran, solo habría una persona en este mundo que me quisiera incondicionalmente y que, aún sin entenderme, me respetara y me cuidara como una madre sin serlo. Sin reproches. Sin rencores.

Desde los 13 a los 22 años vivimos una amistad completa. Estaba en todos mis pensamientos, en todas mis momentos especiales. Era la primera persona a la que llamaba, a la que consultaba, de la que me fiaba. Vivimos nuestras vidas como si fuéramos inseparables. 9 años de diferencia no parecían ser suficientes para crear una barrera que duraría una década.

Nunca he conocido nadie más paciente, conmigo y con el resto. Menos orgullosa, sobre todo conmigo. Nadie que me haya valorado tanto sin merecerlo, que me haya levantado tantas veces, cuando pensaba que no tenía fuerzas. Que haya confiado en mí y en mi opinión, aún siendo mucho menor mi experiencia. Que se haya cogido un coche, un tren o un avión para venir a apoyarme cuando ha sido necesario. Sin pedir nada a cambio. Sin llamar la atención. Solo para estar.

Después la vida nos ha ido separando, en el espacio que no en el corazón. Aparecieron nuevas personas en nuestra vida, unas más importantes que otras. Y las distancias empezaron a hacerse más evidentes. Ya no hablábamos varias veces al día, ya no sabíamos todo la una de la otra de nuestros propios labios, ya llevábamos vidas independientes. Pero yo sigo teniendole muy cerca.

Y aunque ahora sé que no somos lo que éramos, sé que algún día volveremos a serlo. Cuando volvamos a ser independientes. Cuando la distancia sea menos. Cuando volvamos a hablar de nosotras y no del resto. De ningún resto. Cuando tengamos muchas más arrugas y nos sentemos juntas y solas a charlar, a reirnos de nuestras cosas. Como solíamos hacer. Como me encantaba hacer. Cuando éramos solo nosotras dos.

Porque quiero reivindicar a la persona que es ella, ella sola, como mujer. Ni como madre, ni como hija, ni como esposa. Hoy cumple 42 años mi mejor amiga. La mejor amiga que alguien podría tener. Mi hermana Sonia.

Te quiero tanto que nunca he podido decirlo en alto. Al menos, no como tú mereces. Porque si lo hiciera me rompería y ya sabes lo poco que me gusta eso. Pues eso, ya lo sabes. Aquí voy a estar siempre. Como lo has hecho tú y lo harás mientras vivamos.

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¿Para qué sirve un cumpleaños?

Si te paras a pensarlo es un día más del calendario. Solo sirve para contabilizar los años que pasan y los que quedan. Y yo creo que, para maquillar un poco esa circunstancia, creamos esa parafernalia de la celebración. Y yo soy de esas que adoran ese día. Que lo celebraría semanas. Que disfruto cada mensaje y cada llamada.

Con el paso del tiempo y la aparición de nuevas tecnologías, las felicitaciones pasan a ser mensajes cortos que en muchos casos, solo llegan porque nos lo ha recordado un calendario virtual. Y la magia de las llamadas sorpresa desaparece. Pero aún quedan unos cuantos irreductibles que, a pesar de todo, te alegran el día con unos minutos de atención y conversación.

Hace tiempo que quiero hacer esto pero nunca encontraba el momento perfecto. El momento en el que no se lo esperara pero tuviera sentido hacerlo. Ayer me sorprendió ella a mi, como cada año, y hoy me toca darle las gracias por estar siempre ahí.

Tal y como recordamos ayer, han pasado más de 10 años desde que nos conocimos. Recuerdo verla tumbada en una colchoneta hinchable y pensar: “madre mía, qué morena es esta mujer”. Yo llegaba de un año viviendo en la lluviosa Bruselas, y ya no estaba acostumbrada a esos bronceados. Desde el minuto uno supe que había conocido a alguien muy especial. Fueron tantas las horas de risas, la conexión instantánea. Parecía que te conociera desde siempre.

La vida nos ha juntado y separado en multitud de ocasiones. Incluso pudimos compartir un tiempo juntas que siempre recuerdo. Mi último año en Madrid. La época más divertida de todas. Son tantas y tantas las historias que hemos vivido en tan poco tiempo.

Sabes Ana, lo malo o lo bueno del caso es que no es algo exclusivo y especial que me pasa a mi. Es que todo el mundo que te conoce siente lo mismo. Llevas toda la vida haciendo felices a los que te rodean. Sonriendo, posando, compartiendo, alegrando y disfrutando. Eres de esas personas que consiguen que no puedas acabar una frase sin reirte a la mitad. Y eso, hija mia, lo envidia todo el mundo.

Llevo diez años metiéndome contigo. Creo que nunca te he dicho lo que realmente siento. Y como por escrito me permito las licencias “moñeriles” que no me permito al hablar, déjame que te diga un par de cosas que te tenía que haber dicho hace tiempo; eres muy especial, y todos los que te conocemos lo sabemos. Tienes un corazón enorme, tan grande como tus ganas de compartirlo. Eres guapa por fuera, eso es así, pero lo eres mucho más por dentro. Y aunque no lo sepas, tienes más amor que nadie de los que te rodean.

Este año nos volvemos a ver. Han pasado ya dos desde la última vez. Y no te diré nada de esto. Porque ya lo sabrás. Seguiremos riéndonos de todo, haciendo tonterías, metiéndonos la una con la otra. Porque hay cosas que no hace falta decir. Que son y con eso es suficiente. Te quiero mucho Anita.

Por como eres. Por favor, no cambies nunca. Porque cada vez que te veo, pase el tiempo que pase, es como si no nos hubiéramos separado nunca.

PD: Tengo muchas ganas de juntar a mis dos mundos. Creo que puede ser LEGENDA

PD2: Lo de Luis Miguel es lo único que no te perdono…

Cosas que piensas cuando se acerca tu cumpleaños

Cada año, desde que cumpliste los 25, se repite en tu vida una misma dinámica. Se acabó aquello de esperar como loco el día de tu cumpleaños. Los regalos se vuelven más pragmáticos y las celebraciones más aburridas. Todo se reduce a una retaíla de llamadas de familiares que te repiten las mismas cosas, amigos que te increpan con comentarios sobre tu proximidad a la vejez y mensajes en redes sociales y whatsapp que te llegan de gente que te hace ilusión y que te da igual a partes no proporcionales.

Pero en esos días previos, eres tú el único que piensa en ello y que sabe que ese día se aproxima. Y todas esas ideas que no te suelen asaltar empiezan a crecer como champiñones en nuestra psique. Y te preguntas…

¿Qué estoy haciendo con mi vida?

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¿Cómo he acabado aquí?

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¿Por qué el tiempo pasa tan deprisa ahora?

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¿Dónde estaré en cinco años?

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¿Soy feliz? O sea, lo soy pero…¿podría serlo más?

happy

¿Se me nota la edad que tengo? ¿Pareceré más joven o mayor?

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¿He hecho todo lo que quería hacer? ¿Estaré aprovechando mi vida?

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¿Y si luego me arrepiento de algo que no hice?

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Tengo que montar una fiesta y olvidarme de todo…

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Sí. Aunque este año caiga en martes… lo traslado a viernes…

friday

Porque este año cumplo 33!!!!! Y tengo que celebrarlo

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Aunque solo sea por no seguir preguntándome todo eso…

ÍDOLOS QUE NO SON DE BARRO

buda-estatua Desde que tenemos uso de razón nos enseñan que en esta vida hay que tener ídolos y héroes. Los unos más divinos, los otros más mundanos. Pero en el fondo nos muestran códigos de conducta o referencias que podemos imitar para ser mejores personas. En algunos casos, esas referencias son religiosas. En otros, meramente populares.

Hay gente que crece con las tradiciones. El apego a la tierra, las costumbres y la familia. Hay gente que madura escuchando lo importante que es triunfar y acaudalar bienes. Hay mujeres que sueñan desde pequeñas con casarse y tener hijos. Hombres que quieren tener poder y fama. Hay personas que solo quieren disfrutar de la vida sin pensar en el futuro.

Yo tuve un ídolo de carne y hueso. De esos que puedes abrazar y tocar. Tenía los ojos como el cielo y llenos de amor. El pelo gris de tanto cavilar y las manos morenas de ponerlas abiertas al sol. Era muy sabio. La sabiduría que no dan las clases. Era mayor y libre, aunque fue joven y preso de sus compromisos. Era bueno. Era el mejor.

Él me dijo cosas enormes. Me enseñó lo que en verdad importa. No me pidió que le obedeciera nunca. Que siguiera su ejemplo. Me quiso siempre. A mí y a todos. Y así, sus palabras calaron sin querer y sin parar.

Dentro de un mes cumplo 33 años. La edad de Cristo, dirán algunos. Pero Cristo, al cual respeto por todo lo que significa su figura, murió con esa edad. Mi ídolo lo que hizo fue nacer. Encontró su nueva vida. Una vida llena de respeto y de bondad. Fue un camino duro, pero él siempre podía hacerlo todo.

Llevo tiempo preguntándome si yo podré hacer lo mismo. Ahora sé que no. No haré lo mismo. Porque no quiero hacerlo. Cada uno debe seguir su instinto y no copiar lo que hace otro. Pero sé que seguiré tu camino siempre. Y no hay palabras que me hagan salirme de él. Porque para mí, eres el mejor ejemplo que nadie pueda tener. Y porque sé que todo lo que me enseñaste me hizo mejor persona.

Se acabaron las excusas. Las mías y las que me ponen los demás. El mundo ha procrastrinado suficientes buenas intenciones ya.