¿Qué somos los que no seguimos nuestra etiqueta?

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Llevo unos días dándole vueltas a la misma idea. ¿Soy periodista?

La frase aparece en mi cabeza, viene y va; por momentos me atormenta y su sola aparición en mi pensamiento me hace sentir angustia vital.

Me imagino que a muchos de vosotros os pasará con vuestras carreras. ¿Eres lo que estudias? ¿Eres lo que ejerces? ¿Eres lo que te sientes de manera innata? En mi caso no lo tengo claro.

Por una parte, desde que tengo uso de razón escribo historias, garabateo cuadernos, tomo notas en Moleskines, escribo posts, mensajes, mando cartas, dejo notas elaboradas, dedico poemas, preparo discursos, redacto notas de prensa y presentaciones, regalo cuentos y todas mis interacciones van acompañadas de letras y signos de puntuación. Curiosamente, nunca he ejercido como periodista, aun habiéndome preparado a conciencia para serlo. Si acaso como escribiente.

A la vez mi carrera, siempre relacionada con el mundo de la comunicación, ha ido virando de un lado a otro sin centrarse, pero de forma clara se ha separado del mundo del periodismo.

A veces entiendo tan bien a aquellas personas que en concursos de talentos se presentan como “administrativa, pero siempre me he sentido cantante”, o “yo soy soldador, pero lo mío siempre ha sido el circo” Me imagino que para un médico o un ingeniero esto resulte difícil de comprender, pero las profesiones de letras son así.

En ocasiones me pregunto qué sentiría si mi día a día fuera escribir. De lo que fuera. Buscar información, indagar, sacar conclusiones, y escribir. Desde la farola rota de mi barrio, pasando por los obituarios, los sucesos escabrosos, los escándalos político- financieros, los conflictos internacionales hasta los festivales de cine.

La respuesta es probable que fuera decepcionante. Seguro que odiaría mi trabajo por tornarse una rutina, por el tedio de empezar cada día con un tema nuevo, por la desidia de la hoja en blanco. Pero dejadme soñar y pensar que si yo pudiera llamarme a mi misma periodista, mi vida sería mucho mejor, más fácil, más plena y más feliz.

Al menos eso pensaba la chica de 15 años que yo era cuando vi Ciudadano Kane por primera vez. Quizás ese sea mi Rosebud personal. O no…

“Mr. Kane was a man who got everything he wanted and then lost it. Maybe Rosebud was something he couldn’t get, or something he lost. Anyway, it wouldn’t have explained anything… I don’t think any word can explain a man’s life. No, I guess Rosebud is just a… piece in a jigsaw puzzle… a missing piece” – Citizen Kane

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