Joachim Trier y su Oslo, 31. august

Hace varios años recibí un paquete que venía de Noruega. Se trataba de una sorpresa que mi amiga Birgitte me había preparado, tras una visita a Oslo en la que hablamos de las pocas películas escandinavas que llegaban a España.

Por supuesto la sorpresa era una película de uno de los directores noruegos de moda, Joachim Trier, al que solo le une un lejano parentesco con el famoso Lars danés. Reprise, que así se llamaba, narraba la historia de dos amigos que querían convertirse en escritores y cómo su relación perduraba en el tiempo a pesar de los momentos de triunfo y derrota que ambos atravesaban. Lo que más me gustó, a parte del genial retrato de la ciudad de Oslo, fue la verosimilitud de los distintos personajes. Muy creíbles, poco exagerados, con diálogos nada estereotipados y situaciones realistas. Hace un par de semanas caí por error en el trailer de la última película del mismo Trier (el noruego, no el danés). Miento. Caí en una parodia sobre la nueva película de Trier. Tras preguntar a mi amiga descubrí la original: Oslo, 31.august.

La cinta cuenta la historia de un chico en pleno proceso de rehabilitación de drogas, que se toma un respiro en la ciudad, durante un día, para hacer una entrevista de trabajo. Ya os he contado toda la película.

El argumento prometía y por eso me dispuse a verla con la esperanza de que me gustara lo mismo que su opera prima. De nuevo como con “Wilburg se quiere suicidar” me volví a encontrar con una desilusión. Por supuesto, no es comparable, porque ésta que os comento hoy tiene una cuidada cadencia, una reproducción del ambiente agobiante que persigue al protagonista, y un gran guión repleto de brillantes soliloquios que permiten entender lo complicado de su carácter. Pero ya está.

Parece como si el personaje de Reprise (Phillip) hubiera cambiado de nombre (ahora Anders) y siguiera siendo la misma película, solo que mucho más dramática y menos interesante. Podría ser perfectamente la segunda parte del personaje con problemas mentales de la primera que termina teniendo problemas de drogas en la segunda.

A veces ser tan fiel al estilo hace que parezca que abusas de la gallina de los huevos de oro. Un poco como Pau Donés y sus melodías repetitivas.

Que no os engañe el trailer. Lo mejor del film está en esos dos minutos.

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