El buen chico, paradoja del maniqueismo


Cuando ocurre un suceso terrible, tendemos a alinearnos en torno a algo, a tomar parte, a sentirnos jueces y parte, y en infinidad de ocasiones, sólo conocemos una versión. La que nos dejan ver, la que más cercana nos resulta o la que más pueda convenirnos. Por eso es tan dificil ser objetivo y por eso, aunque cueste, hay que intentar ponerse en todos los zapatos posibles antes de emitir un veredicto. Por eso, justo por eso, yo no valgo para juez. Ni para juez ni para muchas otras cosas que requieren de la falta del estado de ebullición en la sangre.

Así que cuando, por fin un día, alguien te pone en la situación de meterte en la piel de quien, en principio, te parece directamente culpable, te das cuenta que la casuistica es tan enorme y que nadie es totalmente ángel o diablo, aunque nos lo pueda parecer a primera vista.

Shawn Ku ha conseguido hacernos complices de esta historia de una manera sencilla y sin grandes dramatismos. Beautiful Boy nos adentra en la dificil situación a la que tiene que hacer frente una familia normal en apariencia, aunque al borde del divorcio, cuyo único hijo, recién llegado a la Universidad, decide irrumpir en su nuevo campus con un rifle y cometer una matanza entre sus compañeros y profesores, para posteriormente suicidarse.

La trama parece repetida, ya se ha visto en otras películas como Elephant o documentales como Bowling for Columbine, pero este caso es asombrosamente diferente.

Un tremendo sentimiento de tristeza (que no melodrama), empatía, lástima, e incomprensión, se apodera del espectador que por primera vez, no se posiciona del lado de las víctimas (durante años únicos protagonistas posibles en estas historias), si no hacia esa familia a la deriva que no entiende qué ha podido hacer mal para que su hijo haya cometido semejante atrocidad.

Las interpretaciones soberbias de Maria Bello y Michael Sheen, por lo contenidas y verosímiles, el rodaje rozando la realidad del Dogma, y el guión perfectamente perfilado para vernos inmersos en el día a día sin artificios después de un suceso devastador. Ni una lágrima de más, ni un gesto desproporcionado, ni un fotograma de menos. Un drama que fundamenta su triunfo en la cotidianidad.

PD: Que nadie se asuste por la descripción. No es un drama de congoja al uso. Perfectamente soportable para corazones tocados o debilitados por la tragedia griega personal. Tremenda la imagen del entierro del chico.

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“Before you cross the street
Take my hand
Life is what happens to you
While you’re busy
Making other plans

Beautiful
Beautiful
Beautiful boy” (John Lennon)

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2 pensamientos en “El buen chico, paradoja del maniqueismo”

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