De cómo comí 9 platos de comida y me supo a poco…


Berasategi, ese hombre con cara de no haber roto un plato en su vida aunque estoy convencida de que alguno ya habrá estrellado contra el suelo en sus años mozos. Ayer tuve la suerte de poder disfrutar de su mesa y sus fogones, del cariño con el que dibuja sus platos, de la magia que atesora su entorno y del trato con el que obsequia a sus comensales.

Nueve platos desfilaron por delante de mis ojos y se derritieron en mi boca, decontruyéndose entre mis manos y mis cubiertos. Una preciosa melodía para el paladar, con pequeños arpegios de sabores y grandes sinfonías en momentos contados.

Para resumir, unos de los conciertos gastronómicos que más he disfrutado además de una experiencia única. Solo vi a Martín Berasategi durante un minuto y medio, lo suficiente para entender que los grandes genios pueden ser muy pequeños e incluso casi pasar desapercibidos.

Por cierto, las raciones son perfectas, ni mucho ni poco.

Absolutamente recomendable para cualquier ser humano, con boca, ojos, nariz, paladar y un sobrante en el bolsillo que se lo permita…

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