Vivir rodando… o cómo las perversiones se convierten en películas

Ya dije ayer que la próxima parada serían los directores perversos y con taras mentales. Hay veces que pienso en los grandes cineastas de la historia, y me doy cuenta de que muchos de ellos, sobretodo los más venerados, exponían abiertamente sus fetiches y sus perversiones y eran aplaudidos por ello. Además yo me adscribo a ese público agradecido y algunas de mis películas favoritas resultan objetivamente aterradoras.

Intentaré ser breve ya que son muchos y seguro que me dejo otros tantos en el tintero. Os ordeno de menos a más según su patología mental.

Francis Ford Coppola. Apocalype Now es como muchos sabéis uno de mis filmes preferidos. Eso no quita que reconozca que se trata de un fiel reflejo del estado opiacio en el que se encontraba gran parte del equipo durante su rodaje.

Liliana Cavani. Portero de noche. El Síndrome de Estocolmo con ramalazos macrabos y sádicos… Perfecto para una tarde de domingo en familia y con niños…


Thomas Vinterberg. Como buen director de dogma, provoca escalofríos sin necesidad de mucha parafernalia. En su obra más importante, Festen- La Celebración, la revelación del protagonista durante la cena de celebración de cumpleaños de su padre encoje el corazón, sin tener que mostrar explícitamente nada. No ocurre lo mismo con el hermano del protagonista, quién disfruta al pegar a su mujer en cuanto tiene la más mínima ocasión.



Stanley Kubrick. Uno de mis directores favoritos y a la vez, según parece, un rarito de cuidado. La Naranja Mecánica y La Chaqueta Metálica son dos obras brillantes y a la vez escalofriantes, cada una en su medida. Para finiquitar el capítulo Kubrick solo escribiré tres palabras más: Eyes Wide Shut

Lars Von Trier. Rompiendo las olas, Los Idiotas y tengo entendido que Anticristo (que aún no he visto) son películas complejas, oscuras, y revulsivas. Eso sí, al envolverlo todo en una capa de realismo parece que se le perdona, ya que asimilamos que estamos viendo un documental, no una ficción ideada por él.


Roman Polanski. Basta con pensar en la vida de este director (con la Segunda Guerra Mundial de por medio y aquel drama sin resolver de la mano del amigo de los niños Charles Manson incluido) para entender que sus películas no son lo que se dice “comerciales”, aunque bien es cierto que ha dado un giro en las últimas aproximándose más a un público standard. Si quieres descubrir más de este cineasta polaco te recomiendo Repulsión o El baile de los malditos.



John Waters. Máximo exponente del cine recién salido del frenopático. No hay nada convencional y gran parte de lo que puedes ver te provocará rechazo visual. A saber: Pecker, Pink Flamingos y Los asesinatos de mamá.


Woody Allen. Por muy divertido y genial que me resulte Allen, no puedo hacer la vista gorda y borrarlo de mi lista, ya que de todos ellos, es el más psicótico y el que más manías y perversiones muestra. La clave de humor le resta gravedad, pero todas sus películas tiene en común personajes con profundos desequilibrios mentales, obsesionados con el sexo en cualquiera de sus vertientes y con una curiosa visión del bien y el mal. Ejemplo: Delitos y Faltas. No siempre pierde el malo, ¿o no?.



Michael Hanneke. Ver La Pianista es pasarte toda la película con el estómago encogido esperando a ver qué más puede ocurrírsele incluir en el siguiente plano. No deja de sorprender su capacidad de provocar mal cuerpo al espectador. Funny Games, más de lo mismo pero en plan macabro.

Ingmar Bergman. Todo él es un trauma infantil y toda su obra lo refleja. El manantial de la doncella, Persona, El rostro y Gritos y susurros. Si os quedáis cortos con esto, os recomiendo La linterna mágica, un libro autobiográfico que escribió donde relataba cómo había intentado matar a su hermano.



David Lynch. Cabeza Borradora, Mulholland Drive, Carretera Perdida o Twin Peaks. Es un artista visual, es un genio de lo abstracto, es único construyendo parajes oníricos tenebrosos pero está fatal de la cabeza. Las cosas como son.


Pier Paolo Pasolini. Esto ya es un “sin dios”. Creo que no hay ni un título de su filmografía que puedas ver con un familiar sentado a tu lado. O ni siquiera en la habitación de al lado. Yo diría que ni en la misma casa ni edificio. Ahí va una buena retaíla para el autodescubrimiento de esta cineasta maldito: El Decameron, Los cuentos de Canterbury, y la más dura de todas las que puedan aparecer en esta lista Saló o los 120 días de Sodoma.


Sin olvidar a Terry Gilliam, Jim Jarmusch, Quentin Tarantino, Abel Ferrara, Arturo Ripstein, Kar Wai Wong, Bernardo Bertolucci, Bigas Luna, Vicente Aranda, Jess Franco, Luis García Berlanga, Larry Clark, Paul Verhoeven, Gus Van Sant, Danny Boyle… ¿necesitáis más?
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