Una mina de oro de terciopelo


Títulos de colores, letras seteteras sobre una pantalla negra, londinenses enloquecidos con purpurina en las pestañas y plataformas moradas, Christian Bale con cara de lelo y música de David Bowie… Creo que no cabía duda de que la película del sábado por la mañana en CTK era Velvet Goldmine. Así que dejé el paquete de galletas, que estaba a punto de guardar, sobre la mesa del salón, me tumbé en el sofá, y se me olvidó lo que había pensado hacer durante las siguientes dos horas.

Ya la había visto, la última vez no hace mucho tiempo, pero a pesar de su paranoia y de la clara intención del film de lucimiento personal de Jonathan Rhys Meyers (Match Point), me sigue pareciendo una película hipnótica. No es muy buena, la verdad, no diría ni siquiera que sea un poco buena, pero el mito que la envolvió en su momento con Bowie totalmente en contra de su estreno por encontrarla difamatoria, las canciones, lo magnético de todos sus protagonistas, sobre todo de Rhys Meyers, consigue que cada vez que se emite, decida revisitarla.

Siendo sinceros, solo destacaría a Ewan McGregor (Trainspotting) y Toni Collette (La boda de Muriel), que interpretan una estrella del rock sin rumbo y una excéntrica americana, respectivamente, que comparten su amor hacia el mismo hombre, la super estrella británica Brian Slade (Rhys Meyers).

Slade es un mito absoluto que cae de su propia gloria al simular su asesinato en escena para convertirse en un mito. Arthur Stuart (Bale) antiguo fan de Slade, recibe la orden de sus jefes en The Herald de investigar el caso de Slade 10 años después, para un especial sobre el mismo. El film narra su viaje retrospectivo a una época de su vida de la que preferiría no acordarse, o al menos, en un principio.

Decir que aconsejo esta película a todo el mundo sería un error. Creo que es fácil de ver y curiosa cuanto menos para algunos. Para los amantes del Glam, los setenta, el glitter, lo andrógino, la música y, sobre todo, Placebo, ya que hacen un cameo muy especial, para esos sí que VG será un clásico mítico de sus filmotecas. El resto, solo lo verán como un experimento un tanto lila de película musical con toques de intriga.

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Un pensamiento en “Una mina de oro de terciopelo”

  1. Guau!!Bonita crítica de la movie…después de leerla no sé si ver la peli o no…eso es de buena periodista, dejando elegir al lector…aunque no se estile mucho en el panorama periodístico actual.Besico EmmillaPablo.

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