Brown, que significa marronazo en inglés


No pienso hablar de la tragedia de Barajas. Han sido mil horas televisivas, centenares de pliegos de papel, e incontables expertos en aviación civil y testigos los que han hablado de ello, y sinceramente no me siento con ánimos ni ganas de hacerlo yo también.

Para contrarrestar el gris y lluvioso día que la capital guipuzcoana me brinda, he decidido comentar algo que no nos ha pasado a nosotros, pero que conociendo el percal, es digno de que suceda aquí, o al menos en una película de Santiago Segura.

Titular: “Reino Unido pierde los datos personales de miles de delincuentes”. Lo que quiere decir que la ficha policial de estas personas no está en poder del Ministerio de Defensa británico, por lo que se desconocen sus antecedentes y los motivos por los que han sido encarcelados. Quiero creer que esto no dará mayor problema ya que el Gobierno andará trabajando en ver cómo solucionarlo, pero lo que sí es preocupante es que esto no es la primera vez que ocurre, ni mucho menos. El gobierno de Brown está caracterizándose por la gran cantidad de “resbalones” de este tipo que está teniendo.

El mes pasado se “perdieron” 747 ordenadores portátiles con información policial de los últimos cuatro años así como el pasado junio ocurriera con los documentos confidenciales encontrados en varios trenes de cercanías, que incluían datos sobre la red terrorista Al Qaeda y sobre Irak. El año pasado, además, desapareció el disco duro que contenía los datos bancarios y personales de millones de personas.

Después vemos mensajes del tipo: “El gobierno lucha contra el phising”… Pero si nuestros peores enemigos son ellos mismos. Qué más da comprar por Internet con pautas seguras o no contestar a los e-mails que nos piden nuestro número de cuenta bancaria, si el gobierno ya se encarga de hacer esos datos públicos por si mismo.

Cada vez que leo una noticia como ésta, me imagino a un policía tipo Clancy Wiggum en los Simpsons, comiéndose una rosquilla, con la tripa saliéndole por encima del pantalón, y olvidando los documentos en un asiento del metro, dando a la tecla de enviar en el correo, o dejando abierto el fichero porque siente el olor a rosquillas recién hechas no muy lejos de él.

Después de todo, no lo hacemos todo tan mal. Años de autoflagelación por la mala gestión española de todo, para darnos cuenta de que, en todas partes cuecen habas, y que las historias surrealistas pasan en Lepe y en Londres, y todas se solucionan con el socorrido “Aquí no ha pasado nada” gubernamental.

Reconforta ver que no solo nuestros políticos tienen problemas…

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