CAMBIOS

Ya lo decía David Bowie y lo retomaría una famosa campaña publicitaria de seguros de coches. Cambios. Eso es lo que nos amarga pero lo que a la vez nos recuerda que la vida es un eterno devenir de cosas intrigantes. En ocasiones miramos hacia atrás y vemos que aquello que nos hubiese parecido inconcebible hace un tiempo, es ahora parte de nuestro día a día y que, de hecho, nos resulta altamente gratificante.

Pero… ¿qué cambios se consideran universalmente para bien y cuales lo son en el plano negativo? ¿Por qué pensar en un futuro cargado de bienes materiales y ataduras emocionales nos resulta tan tentador mientras que la independencia, la libertad y la aventura van emparejadas con la inestabilidad y el fracaso? ¿Qué esperamos de nuestras vidas futuras?

Principalmente creo que asociamos el sentimiento de éxito o fracaso con lo que está socialmente aceptado como tal y encasillado según el pseudo panteísmo de nuestros días.

Por otro lado está la inacabable fuente de placer dionisiaco que es la sociedad de consumo elevada a su máxima potencia. Todos admiramos a las estrellas y demás parentela millonaria que poseen toda clase de artefactos inútiles de gama alta y sin los cuales parecen no poder subsistir. Nosotros lo llamamos excentricidades de estrella. Aquel que se acerque a ese modelo de felicidad será considerado un triunfador. A medida que nos vamos alejando de ese ideal, nuestro nivel de éxito vital irá decreciendo ante los ojos de nuestros observadores sociales.

Pero, ¿qué pasa si nuestro bienestar se basase en el mero consumo diario de pildoras de la felicidad? Pequeñas dosis que alimentasen nuestro espíritu sin la necesidad de conseguir grandes hazañas localizadas. Sigo sin verle el sentido a la palabra futuro. En ocasiones renunciamos a las satisfacciones inmediatas en favor de una satisacción futura aun mayor. Pero en realidad, nadie nos asegura que llegaremos a recoger el fruto de ese esfuerzo, ya que la vida es imprevisible y corta. No se trata de una visión fatalista, ni apocalíptica de lo que es la vida, sino más bien basada en la tan manida frase del “Carpe Diem” que ya los romanos, que eran grandes hedonistas, nos dejaron en su legado.

Es por eso que me preguntaba sobre los cambios a los que nos enfrentamos y el miedo a afrontarlos cuando sabemos que se acercan… Pero, en cualquier caso, siempre terminan siendo buenos porque cambiar es evolucionar y todo depende del prisma desde el que se vea esa nueva situación. Cuando se acaban las sorpresas, se acaba la ilusión. Cuando la ilusión desaparece, entonces muere el alma y se desenrosca el hilo que nos aferra a la vida. Vivir es emocionante por el simple hecho de imaginar qué será lo próximo que nos pase. Conclusión: Cambios = vivir. Ojalá las incógnitas de la vida se despejasen de manera mecánica como las matemáticas.

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Un pensamiento en “CAMBIOS”

  1. Como puedes imagianr, comparto todo lo que dices… salvo la última frase. Si las incógnitas se descifrasen como las matemáticas perderíamos uno de los alicientes que tiene tomar decisiones: el riesgo. Los cambios llegan tras una decisión, y las decisiones que no conllevan un riesgo son un truño de decisión (ejemplo: “¿café o té?”). Desde un “¿qué me pongo hoy?” a la decisión de abandonar un trabajo, el riesgo es lo que hace que un día no se parezca a otro y que la vida no sea una línea recta. Ahora bien, cada uno es libre de elegir la sinuosidad de sus curvas, si es que las quiere. Por último, si las incógnitas se descifrasen como las matemáticas, yo habría sacado varios suspensos en incógnitas. Saludos y larga vida a tu blog.

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